Los Plásticos, IQOXE, la Petroquímica de Tarragona y su futuro

Los humanos como usuarios del planeta consumimos sus recursos, los que el planeta crea o regenera y desgraciadamente otros que pierde permanentemente. Entre estos están los hidrocarburos, que una vez consumidos se transforman en elementos químicos que se dispersan por la natura, la cual los recicla, unos de manera inmediata o rápida y otros de manera mucho más lenta (entre cien y dos mil años). Entre estos últimos encontramos el que habitualmente denominamos plástico, aunque no tendría que ser así o se podría evitar.
Nosotros, como buenos ahorradores y gestionadores de los hidrocarburos, hemos aprendido a sacar provecho de todos sus derivados. Los gases, los disolventes, la gasolina, el gasóleo y el asfalto, son consumidos y tratados de manera que acaban desapareciendo en la naturaleza, descompuestos en otros elementos que, tal como hemos explicado, esa naturaleza puede asimilar con los años, aunque hasta que esto llega, los sufre y sale gravemente perjudicada. Pero desgraciadamente no hablamos de todos los derivados, hay uno en particular que no se disipa en forma de gases ni en otros elementos, el plástico.
Se calcula que este año 2020 el mundo consumirá más de 100 millones de barriles de petróleo al día, que es lo mismo que 5.840 millones de m³ al año, es decir 730 litros por habitante; y 500 millones de toneladas de plástico, aproximadamente 67 kilos. por habitante y año. Analicen ustedes mismos la cantidad de plástico que cada uno de nosotros consumimos diariamente, sea directa o indirectamente. Y este plástico, fuera de un miserable 9% que se recicla, se acumula día detrás día, año tras año, por todo el planeta, en el fondo del mar o en su superficie; o bien en la tierra en forma de grandes, pequeños o minúsculos trocitos que no podemos ver (de menos de 5 mm. hasta nanopartículas de menos de 0,1 micrómetros), que entran dentro de la cadena trófica de todos los animales del planeta. El problema es enorme, de unas dimensiones que no podemos valorar, puesto que la cantidad aumenta año tras año contaminando los lugares y los alimentos más impensables, como la sal que consumimos.

Esta imagen se ha creado modificando una libre disponible en la web: http://d-maps.com/carte.php?num_car=2190&lang=es. Via: Nature.com

La leche, los huevos, el pescado o cualquier tipo de carne, son portadores de nanopartículas de plástico que afectan a nuestro cuerpo. Todavía no sabemos como el plástico puede afectar nuestros cultivos, pero sí que altera la conducta de las lombrices y disminuye su número y peso, por lo cual necesariamente también tiene que afectar a la cadena de material orgánico que sirve como alimento de las plantas.
De hecho, según un trabajo de la Universidad de Newcastle, ahora mismo los seres humanos ingieren una media de 5 gramos de plástico semanalmente, el equivalente a una tarjeta de crédito. Dentro de treinta años serán 10 gramos, más de medio kilo al año.
Una de las soluciones más recurrentes e inútiles es exportar el problema al tercer mundo, que en parte ya lo ha dejado de ser. Es decir, cargar un barco con contenedores llenos de plástico y enviarlo al primer país que parece proclive a «reciclarlo», hasta ahora asiático y a partir de ahora seguramente africano, porque los asiáticos ya no lo quieren y nos están devolviendo el material sin pagar ni siquiera los gastos del transporte.
Pues no, no hacemos demasiado ni damos ningún ejemplo, cuando solo el 0,04% del Mediterráneo está protegido. En menos de 70 años ha perdido el 41% de sus mamíferos y el 34% de sus peces; el 40% de la posidonia ha desaparecido y anualmente se vierten más de 150.000 toneladas de crudo en este mar, y también más del 95% de sus residuos son plástico.
Por supuesto, el cambio climático, a pesar de ser un problema gravísimo no se puede comparar con el que tenemos enfrente, que afecta, cada vez de manera más intensa, nuestra alimentación y la de todos los animales del planeta. Sin embargo, no podemos obviar que sin petróleo no solo no habría cambio climático sino tampoco plástico.

Minutos antes de las siete de la tarde del 13 de enero, se escuchó una fuerte explosión seguida de una gran llamarada visible a muchos kilómetros de distancia, proveniente de las instalaciones de la empresa IQOXE, dedicada a la producción y almacenamiento de óxido de etileno. En su web la empresa explica con gran detalle para que sirve el óxido de etileno, y detalla que es la única empresa española que se dedica a su producción. Después de leerla entendemos que mucha de su clientela verá alterada su producción, principalmente la de detergentes, plástico y espuma de poliuretano, además de otras aplicaciones. Lo que no explica la empresa son los efectos que directamente puede producir.
Una placa de metal incandescente, de dos metros de ancho por uno de largo y aproximadamente 800 kg, voló entre dos y tres kilómetros hasta entrar por la ventana de un piso, hundir el suelo y matar al vecino de la planta inferior. Este suceso nos puede dar una idea de la intensidad de la deflagración y lo que podría haber pasado. También hay que tener en cuenta que no hacía casi viento, cosa bastante inusual en la zona. De haber pasado días antes, el fuego se habría podido extendido a otras muchas plantas de procesamiento y a los depósitos de Repsol.
A 200 metros de la planta incendiada hay una planta de procesamiento de etileno; a otros 200 y a 100 de la última, una fábrica y almacén de explosivos; a 50 una fábrica de polietilenos; a 400 una productora de propileno, y a 600 los tanques de combustible de Repsol; y entre ellas podemos encontrar fábricas de polímeros, de productos químicos, etc. Es decir, todas a una cuarta parte o menos de donde llegó la placa de metal incandescente.
Hasta ahora y en relación con este accidente hemos estado hablando de la seguridad, de la cual creemos que no hay que incidir más, porque cualquier persona con un dedo de frente puede ver que el cuadro geográfico formado por Tarragona, la Canonja, Vila-seca y Salou, es una bomba de relojería, que a pesar de la desgracia se le puede considerar afortunado.
Explicado con mucha sencillez, el etileno es un compuesto gaseoso de dos átomos de carbono y cuatro de hidrógeno, y proviene casi absolutamente de la destilación del petróleo. El óxido de etileno es simplemente la misma estructura molecular con un átomo de oxígeno, añadido mediante catalizadores.
El óxido de etileno deteriora el ADN, por lo cual es un potente cancerígeno del que vivimos rodeados, puesto que se utiliza como insecticida, fumigador de cultivos y esterilizador. También provoca alteraciones al sistema reproductivo y al respiratorio, afecta al aparato reproductor, a los riñones y a las glándulas que segregan adrenalina. Se cree que provoca abortos y mutaciones en las células germinales.

El pasado 15 de diciembre se dio por clausurado el famoso COP25, que había de servir para dar un auténtico giro a la carbonización del planeta. Desgraciadamente el único acuerdo que se firmó fue un documento de buenas intenciones, porque los principales generadores de gases invernadero se negaron a ir más allá.
¿Por qué?
Pues porque, fuera de los EEUU, que es una sociedad negacionista, el resto encontró a faltar la solidaridad de los más ricos y mostró su desconfianza producto de los anteriores incumplimientos de los países más ricos. Es decir, China, India, Rusia, Suráfrica y algunos países asiáticos han dicho que estaban de acuerdo con el mercado del carbono, siempre y cuando en el cálculo se tuviera en cuenta la justicia climática, y que un porcentaje de las transacciones se destinara para mitigar los efectos en las regiones más afectadas. Y es que hay que ser bobalicón para creerse que se quería llegar a un acuerdo, cuando los grandes protagonistas y patrocinadores del COP25 eran las empresas más contaminantes de España, con su negocio basado en la industria del carbono. Endesa, Iberdrola o la misma Volkswagen, la firma que ha estado vendiendo coches con los contadores de CO₂ trucados y la que más se niega a abandonar el gasóleo.

Si queremos que el próximo COP26, que se hará en Glasgow, tenga un mínimo de éxito, los países consumidores, esos que pretendían un acuerdo bastante ambicioso y prometen reducciones radicales, habrán de dar ejemplo y demostrar que ellos no solo lo hacen sino que están dando los pasos para desarrollar una industria alternativa y con elevada plusvalía. Curiosamente lo mismo que pidió Greta Thunberg a los gobiernos de los países ricos, que al ser quienes habían provocado el desastre, también tenían que ser los primeros a dar el paso y no excusarse tras legalismos para esquivar su responsabilidad.
Por poner un ejemplo que define el doble discurso de ciertos países, no está de más recordar que en 2017 IQOXE hizo una ampliación para aumentar el 100% de su producción, algo más de dos años antes de la explosión, precisamente cuando la UE hacía tiempo planteaba un cambio de modelo energético y cuando el presidente Obama declaró que los EEUU lo tenía que liderar. Eso demuestra la poca disposición que tienen los que más hablan y exigen, de hacer frente a sus responsabilidades y promesas.

Ahora nos encontramos a Europa abanderando la lucha contra el cambio climático y la completa descarbonización. De hecho el pasado 21 de enero el gobierno español declaró el Estado de Emergencia Climática. Eso representa que más del 85% de la energía que consumimos será renovable en el 2040, y el 100% en el 2050. Es decir, que el petróleo desaparecería de nuestras vidas al menos como combustible, por lo cual ya no se podría utilizar ningún tipo de plástico, a menos que consigamos exportar el no reciclable, cosa imposible por las leyes internacionales, ya que forzosamente se habría de eliminar quemándolo en centrales térmicas, enterrándolo o abandonándolo en el mar.
Por otro lado nos encontramos con una petroquímica, la de Tarragona, que es la más grande del sur de Europa, con serias carencias de seguridad y que, como hemos podido comprobar, básicamente sirve para producir derivados del petróleo, combustibles o para fabricar todo aquello que para el ciudadano normal es plástico, desde el PET, hasta el PVC, pasando por la espuma de Poliuretano.
Dentro de la desgracia que ha representado la explosión de la planta de IQOXE, tres muertos y ocho heridos, además de daños materiales a unos cuántos edificios de las dos ciudades más próximas, Los Pirates Verds creemos que tanto el gobierno central como el autonómico deberían aprovechar esta situación para forzar un cambio en toda la industria establecida en la zona. Y es que si IQOXE pierde la autorización para volver a producir óxido de etileno, probablemente unas cuántas empresas de la misma zona también tendrán que reconducir sus producciones por la carencia de esta materia prima. Estamos seguros que nuestros políticos, investigadores y administradores, encontrarán la manera de transformar la industria del plástico en una más respetuosa con el medio ambiente, que crearán cultivos para suplir el plástico y plantas industriales de aprovechamiento de los residuos que habremos de recuperar del mar y de la misma tierra.
Actualmente en España solo se recicla el 30% de los residuos que generamos. En este tema, como en otros muchos, estamos a la cola de Europa, pero lo peor es que tampoco estamos seguros que sea cierto. Muchas grandes superficies y envasadoras aseguran, tal como los obliga la ley, que recuperan o reciclan muchos de los envases que venden, pero tenemos la evidencia que no es verdad. Tampoco estamos seguros que las concesionarias gestionen correctamente los residuos, tal como les obligan los contratos. Hemos podido ver, tanto personalmente como por el testimonio de vecinos, como en un mercado del l’Hospitalet no se hace la recogida selectiva, lo que nos hace pensar que en la planta de recepción también se podría hacer la vista gorda, tal como no hace mucho se descubrió en Barcelona por parte de la misma concesionaria.
Los residuos resultantes del reciclaje del vidrio de Madrid, la capital de un estado que pretende ser moderno y a la vanguardia de Europa, ahora mismo se están abandonando en Aljavir en forma de grandes montañas, echando a perder espacios que podrían ser de gran riqueza ecológica. Y gran parte de los residuos generados en esta misma ciudad se están depositando, tal como se hacía a mediados del pasado siglo, en un vertedero de Alcalá de Henares, una ciudad vecina, que no solo no lo clausuran sino que lo están ampliando. En nuestro país la industria del reciclaje y la administración de la economía circular tienen mucha capacidad de crecimiento y de creación de empleo, y lo que es más, sirven para no malograr la más importante y que aún no hemos sabido aprovecharla, la del paisaje y la recuperación de la tierra, los acuíferos y el mar.
No concretamos más porque los piratas creemos en la participación ciudadana.

 

Informe de Greenpeace sobre la problemática de los plásticos en Europa

Este informe, muy esmerado por cierto, es el antesala de un artículo propio, que próximamente publicaremos en esta misma web.
Cómo sabéis los piratas, antes de tirar un artículo propio, nos gusta analizar todos los datos sin dejarnos traer por modas o criterios poco científicos, buscando la imparcialidad y la opinión de todas las sensibilidades.

El informe de Greenpeace se puede descargar directamente desde su página o de la web del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiento, del gobierno de España.
Es bueno saber que España es actualmente el segundo país de Europa en reciclaje de plásticos, por el detrás de Alemania; superando con comodidad la normativa europea, y siendo uno de los países que más están haciendo en todo el mi, a favor del reciclaje de plásticos y la limitación de su consumo.

Informe Greenpeace:

La problemática de los plásticos en Europa

Bioplástico

Hace muchos años que tanto empresas como técnicos y biólogos empezaron a poner bio ante cualquier cosa, desde los yogures hasta la tecnología, pasando por los plásticos, del que nos ocuparemos en este artículo.

La RAE define bio como un elemento compositivo, que al añadirse a una palabra se relaciona con la vida o que implica respeto al medio ambiente. Mientras que biopolímero es definido como un polímero que interviene en los procesos biológicos. Cómo se puede observar las dos definiciones se contradicen. Todavía más cuando se habla de los que se utilizan para fabricar plástico, que todavía siendo tratados como biopolímeros por la ciencia, sería mejor denominarlos bioplástico.

Cuando hablamos de biopolímeros tenemos que tener cuidado de no confundir, porque no significa que sean biodegradables. Actualmente la mayoría de biopolímeros producidos por el hombre son sintéticos o, en menor medida, para fabricar plásticos biodegradables, como las bolsas de basura orgánica, de forma que poco tienen que ver con la vida sino fuera porque su origen es vegetal, generalmente de deshechos de las cosechas. Y muchos de estos biopolímeros, aun siendo de procedencia renovable, no suelen ser asimilables por la naturaleza, por lo cual requieren un reciclado idéntico a cualquier otro polímero. De forma que en el mundo de los biopolímeros, existe el biodegradable o de un solo uso, y el que necesita un reciclaje mecánico.
La producción de biopolímeros biodegradables está condicionada a su demanda, y al ser un producto más caro de lo habitual, depende directamente de la legislación. Es decir, que si un estado, como el francés, obliga a ciertas industrias o comercios el uso de plástico biodegradable, indirectamente está promoviendo una industria mucho más avanzada y con más plusvalía que la de otro estado, como el español, que no ha legislado ni parece que tenga mucho interés a hacerlo. Hace un tiempo explicábamos en este espacio que, excepto contados y meritorios casos, que se dedican especialmente a la exportación, la industria española del plástico produce material de baja plusvalía y tiene que competir con la de países en vías de desarrollo.

La fabricación de plásticos biodegradables no es muy importante, el pasado año la producción llegó a los 4,16 millones de toneladas, que por desgracia es una pequeña parte de los más de 300 millones de toneladas anuales de plástico que se producen en todo el mundo. Y tampoco se prevé un cambio de tendencia a medio plazo debido a la poca demanda. Solo una campaña decidida, llevada a cabo por la voluntad política en el ámbito mundial, podría revertir la tendencia. Por desgracia nos encontramos con un problema, la falta de interés de muchos países de Europa. Se da el caso que, tanto legislativa como normativamente, algunos países africanos están más avanzados en el tratamiento comercial del plástico que la misma España; y que invierten más recursos económicos, en relación a sus presupuestos, para la conservación del medio ambiente.

La necesidad de los plásticos

Según cálculos de las ONGs que ayudan al desarrollo del cultivo y de la pesca, el 40% de los alimentos que se producen en el tercer mundo se pierde por falta de un buen sistema de envasado, de la logística necesaria para transportarlo con la suficiente rapidez a sus lugares de consumo, o de la posibilidad de mantenerlos refrigerados; pero, en cualquier caso, la carencia de un envasado que lo mantenga en condiciones para ser consumido es primordial. Este 40%, que acaba pudriéndose en las playas, en los vertederos de las aldeas, o abandonado en los campos de cultivo, podría servir para comerciar, evitar hambres a pocos kilómetros o, seguramente, para no explotar el mar y la tierra de manera poco sostenible.

Estamos viviendo una expansión de la industria del plástico como nunca antes se había experimentado, principalmente en los países que más desarrollo económico experimentan, y no tanto en este tercer mundo tan necesitado. Una industria que, a pesar de estar satanizada por muchas asociaciones ecologistas, llevada de una manera inteligente es más necesaria que nunca, salvo que decidimos reducir radicalmente la población mundial, algo imposible a medio plazo, cuando todavía no hemos podido completar el primer paso, que es frenar radicalmente su crecimiento.
Es necesario, por tanto, hacer un esfuerzo para reconciliarnos con el plástico, concienciando a la sociedad, encontrando sistemas de recuperación y de reciclaje más eficientes y menos contaminantes, además de nuevos materiales para fabricarlo, que no causen o mitiguen al máximo la huella de carbono.
Pronto será difícil encontrar una bolsa en el norte de Europa sin la ecoetiqueta Ángel Azul, que demuestra haber sido reciclada. Mientras que por el 2025 la Unión Europea exigirá que el 55% de los envases de plástico sea reutilizable o reciclado. Esto significa que la industria del plástico, al menos la que pretenda más valor añadido, tendrá que adaptar sus sistemas de producción y de comercialización.
También tendremos que trabajar más en encontrar otras utilidades para el plástico, como en la industria del automóvil, fabricando coches, autobuses, aviones, buques y hasta trenes, completamente con los nuevos compuestos de matriz polimérica, más ligeros y resistentes que los metales, evitando así la extracción de minerales y su fundición, reduciendo por un lado la huella de carbono en su fabricación, y por otro el peso y así poder ahorrar energía. Y en la arquitectura y el mobiliario, gracias a las nuevas materias que permiten ser trabajadas como la madera y la cerámica, que dejarán mucha menos huella de carbono o quizás ninguna gracias a la posibilidad de recuperar el CO2 para ser reutilizado en la fabricación de más plástico.
También tenemos que encontrar nuevos materiales para suplir el petróleo, que a medida que se reduzca su extracción, también lo hará la producción de plástico. La universidad de Jaén, por ejemplo, investiga junto El Centro Tecnológico del Plástico, la creación de un bioplástico, es decir cambiar las fibras de carbono por el residuo de la poda de los sesenta millones de olivos que hay en Jaén, como componente para la fabricación de plásticos de elevada resistencia.
Costará tiempo y dinero, además de la comprensión y complicidad de numerosos movimientos ecologistas; sin embargo, sabemos, tal como explicábamos hace tiempo, que la desaparición del plástico es completamente imposible a medio plazo, al menos hasta que no hayamos eliminado por completo nuestra dependencia del petróleo. Mientras tanto, tenemos que encontrar sistemas de producción y de consumo que salvaguarden el medio ambiente, recuperar el plástico que está contaminando la naturaleza y encontrarle un mejor uso, tal como están haciendo Ecoembes y Ecoalf. La primera promoviendo la captura, mediante 160 barcos de pesca de la zona levantina, de los plásticos que se encuentran en el mar; mientras que la segunda los separa y los convierte en un hilo muy resistente que se utiliza para fabricar tejidos.

Greenpeace nos alerta sobre los plásticos en el mar

No es la primera vez que hablamos del problema que representa los plásticos, tampoco el terrible daño que provocan en el ecosistema marino y, de retruque, a la cadena alimentaría, es decir a nuestro organismo. De seguir así no pasará mucho tiempo que los médicos nos prohíban comer pescado o que directamente se extinga. Muy posiblemente nuestros nietos terminen comiendo pescado exclusivamente criado en piscifactorías, todo por nuestra actual irresponsabilidad.

Creemos que no vale la pena extenderse más en este artículo, cuando la bióloga marina Elvira Jiménez ya lo ha hecho por nosotros en el blog de Greenpeace, con el artículo:

-Mejor sin plásticos-

El plástico en las aves acuáticas

Un reciente estudio estima que el 90% de las aves acuáticas tiene objetos de plástico en sus entrañas.
Cuando veas una bolsa de plástico, un tapón… en el suelo de tu calle, piensa que tiene muchas posibilidades de terminar en el mar.
Si eres marino hazte un favor, cuida el mar, no lances desechos, como el sobrante de haber pintado el casco, etc. Y no limpies la sentina en alta mar.