La mejor manera de absorber el carbono de la naturaleza

Imagen de Hans Brexmeier

 

En el 2016, la Organización Meteorológica Mundial se refirió al 2015, como el año más caluroso de la historia, reconociendo que a partir de este año las temperaturas en general irían en aumento. Y no se equivocaba, el mismo año de la publicación ya se superó, y cuatro años después, en el 2020, pese el enfriamiento del planeta causado por el Fenómeno de la Niña, se repitió el mismo registro, lo que da a entender que estamos en pleno y, durante un largo periodo de años, imparable y rápido aumento, que la ciencia ha determinado ya sin ninguna duda que es producto de los gases invernadero, principalmente el CO2 y el metano.
En Europa la agricultura representa el 10,1% (en España el 10,7%) de las emisiones totales de CO2, superada solo y a distancia por el sector de la energía. A eso le hemos de añadir que según la FAO el cambio climático afectará a la producción de alimentos mundial, que la Comisión Europea valora solo en su territorio en cerca de 40.000 millones de euros anuales en pérdidas. Una cifra que creemos inicial, pero que irá en aumento de manera progresiva.

Está claro que ya no solo para la recuperación del clima en el planeta sino para la propia supervivencia y subsistencia de la especie humana, es imprescindible crear sistemas de absorción del exceso de CO2. Para llevarlo a cabo existen diversas maneras, aparte, claro está, de abandonar de manera urgente la industria que lo emite.
Aparentemente lo más cómodo y que más se publicita por los medios de comunicación, sería crear una industria específica para su absorción, financiada sin duda por los distintos gobiernos o por un ente supranacional, y en manos casi con total seguridad de las mismas corporaciones que emiten dichos gases. Se trata pues de desarrollar una industria que cree muchos nuevos puestos de trabajo e inversión en la investigación, para absorber los gases que otra industria de la misma propiedad, que mantiene muchos puestos de trabajo e inversión, emite sin cesar, tan necesarios para mantener la sociedad de consumo y el PIB, pero sobre todo la rentabilidad de sus inversiones.
Otra opción, seguramente mucho más barata y beneficiosa, es la natural, aunque por supuesto, no precise de grandes inversiones, industrias específicas para la absorción de los gases y la creación de un organismo que a través de impuestos a toda la humanidad pague la factura a esas grandes corporaciones. Eso sí, no se crearían cientos de miles de puestos de trabajo ni se requeriría tanta inversión en investigación.

Uno de los mayores y más eficaces sumideros de Carbono Orgánico es la tierra o Suelo, (que se transforma en lo que llamamos COS). A medida que la agricultura va desbrozando la tierra para convertirla en cultivo, esta pierde gran parte de suelo orgánico, transformándose en un simple soporte mineral, que se abona químicamente para convertirlo en productivo. Para ser precisos, las mayores concentraciones de Carbono Orgánico se dan en suelos ocupados por bosques (98,55-65,21 Mg/ha), mientras que las menores concentraciones se pueden observar en los suelos de uso agrícola (45,26 Mg/ha en cultivos anuales y 38,09 Mg/ha en cultivos leñosos).

En el año 2013 el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) estimó que las emisiones anuales de gases de efecto invernadero a nivel mundial de origen antrópico representaban la incorporación de 8.900 millones de toneladas de C a la atmósfera, consecuencia de la actividad en las zonas industriales y urbanas (7.800 millones de toneladas de CO2) y de los cambios de usos de suelo y deforestación (1.100 millones de toneladas de CO2)
Del 2013 al 2021 las cantidades pueden haber cambiado, pero es muy probable que las proporciones se mantengan. Indudablemente, para reducir los gases hemos de cambiar el sistema productivo y de consumo en las zonas industriales, a la vez de transformar el uso que le estamos dando al suelo.
Esos índices nos explican que si reducimos drásticamente el modelo agrícola y ganadero, desechando los sistemas de agricultura de suelos desnudos y con abonados/fitocidas/insecticidas de síntesis, convirtiéndolo en regenerativo, devolveríamos a este suelo su capacidad de sumidero. Y no solo esto sino que los alimentos serían mucho más sanos, plantados en suelos con más nutrientes naturales.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la mal llamada revolución verde el suelo no ha parado de perder materia orgánica. Solo que esta recuperara un centímetro anual de materia orgánica, millones de toneladas de CO2 se integrarían en ella. Y no solo eso, sino que bien administrada y acompañada de una inteligente repoblación vegetal, no solo se frenaría la desertización sino que poco a poco grandes zonas hoy desertificadas podrían volver a reverdecer, convirtiéndose también en nuevos sumideros.

 

Cambio Climático y CO2 (tercera parte)

Hace dos años publicamos un trabajo en dos partes, que nos mostraba la situación actual de la atmósfera y de los niveles de gases invernadero. En aquel momento y gracias a las extracciones de hielo en Groenlandia, se había podido analizar la temperatura media y los niveles de carbono en la atmósfera de los últimos 800.000 años. Ahora ya disponemos de los resultados de los últimos 3 millones y es posible que pronto conozcamos hasta los 5 millones de años.

Aquí podemos ver una animación de la curva de Keeling que incluye la última medición del 2019 y nos muestra el nuevo récord de 415 ppm de dióxido de carbono observados en mayo de este año, en el Observatorio Mauna Loa en Hawai.

Son muy interesantes los gráficos que muestran tres predicciones de la misma Universidad San Diego, cada una de ellas según el grado de respuesta del ser humano. Las distintas curvas dependen también de la resistencia de absorción de los dos sumideros de la tierra y el mar. Hasta ahora se ha comprobado que la atmósfera absorbe el 57% del CO₂.


Y según un estudio realizado por Nicolas Gruber y su equipo del centro ETH de Zurich, y publicado en Science, el mar el 31% (+/-4%) y la tierra el restante.
El resto de estudios y gráficos que podríamos publicar con respecto a la curva de Keeling, solo servirían para repetir lo explicado en la primera parte de este artículo, publicada el 19/11/2017. La situación no solo no ha cambiado sino que confirma nuestras predicciones sobre la irreversibilidad del cambio climático.

Ahora, sin embargo, gracias a HIPPO* disponemos de nuevos datos sobre el comportamiento de los gases invernadero en todo su conjunto, con mediciones de una precisión que nunca se había conseguido a distintas alturas, desde los 100 metros de la superficie terrestre, hasta los 14.000, y de polo a polo, midiendo los valores tanto en invierno como en verano, además de la información obtenida satelitalmente. Por lo cual ahora podemos conocer la cantidad de dióxido de carbono que absorben y liberan la vegetación terrestre y los océanos. Así mismo se ha conseguido medir la concentración de gas metano en diferentes lugares y altura del planeta, que servirá para valorar en un futuro próximo y con mucha precisión los efectos de este gas. La concentración de partículas de carbono negro, resultado de las emisiones de los motores Diessel y de los incendios, y su efecto en las nubes y las grandes superficies heladas, en las que acelera su deshielo. También podremos conocer con una precisión nunca antes conseguida, el comportamiento y la movilidad o transporte de 90 tipos de gases y partículas, y distinguir las emisiones superficiales de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas con las actividades humanas, de las naturales y sus variaciones, imprescindible para decidir actuaciones contra el Cambio Climático.

El proyecto HIPPO empezó su singladura en 2009, pero las conclusiones sobre los datos recibidos han ido llegando poco a poco según se han ido investigando, y muestran una complejidad que la mayoría de ecologistas apenas podía imaginar.
En este artículo podríamos explicar algunos resultados, como por ejemplo que el uso masivo de fertilizantes nitrosos, seguramente en el sudeste asiático, genera gases de óxido nitroso que contribuye a adelgazar la capa de ozono; o que la contaminación por partículas de carbono negro, lo que vulgarmente llamamos hollín, de algunas zonas habitadas del planeta, son o pueden ser producidas a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, hemos escogido el procedimiento más sencillo, que es publicar los enlaces para que el lector pueda informarse directamente, no por nuestra comodidad sino porque en este caso difícilmente podemos ya no solo superarlos sino tan solo igualarnos.
Como podrán apreciar en esos trabajos, algunos resultados aún están en periodo de investigación y servirán para determinar la política medioambiental a seguir. Actualmente sabemos que el Dióxido de Carbono, el Metano y otros muchos gases, son los causantes del calentamiento global; sin embargo, no conocemos hasta que punto la vegetación terrestre y marina pueden absorberlos y los efectos que les puede provocar, como un exceso de acidez en el agua o directamente su envenenamiento.

Por desgracia no disponemos de experiencia que nos pueda aportar una referencia. El planeta nunca había experimentado una subida tan rápida e importante de CO₂ y aún menos de otros gases casi inexistentes en la naturaleza, que hoy se sabe que >afectan al calentamiento global. Solo podemos deducir lo que sucederá, ya que nuestro planeta solo ha experimentado una oscilación de entre 170 ppm +/- en las etapas de glaciación, y un máximo aproximado de 280 ppm en las más cálidas.

(*HIPPO, que significa HIAPER Pole to Pole Observations, está patrocinado por National Science Foundation (NSF), y está formado por un conjunto de científicos de organizaciones de investigación de los EEUU, entre los que podemos encontrar el Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR), la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la Universidad de Princeton, la de Harvard y la de Miami y el Instituto Scripps de Oceanografía.)

Cambio Climático y CO2 (segunda parte)

En este nuevo capítulo nos preguntamos cómo hemos llegado a esta situación, si los países más desarrollados, es decir los que más recursos consumen, han ido disminuyendo las emisiones de gases invernadero.
Es cierto que con la globalización económica, la irrupción de los países emergentes ha aumentado considerablemente el consumo, sin embargo, todavía hoy es el primer mundo quien consume más de las tres cuartas partes de los productos industriales que se producen.
¿Cómo es posible entonces?
La globalización ha trasladado la producción a los países emergentes, y durante el proceso industrial se consume mucha energía, muchísima más que si se produjera en los países consumidores, ya que en esos el control y la normativa es mucho más exigente. Además, la caída de precios que representa el hecho de producirlos en lugares donde la mano de obra es mucho más barata y la normativa casi inexistente, ha hecho que se produzca y se consuma mucho más. A eso le hemos de añadir la energía que se necesita para el transporte de este producto desde el mundo productivo al consumidor. De hecho la producción y el consumo de energía fósil ha ido en aumento año tras año.
En este gráfico podremos observar los principales flujos de emisión de CO2. El gráfico nos muestra a China como exportador neto de CO2, mientras que los EEUU, aunque sea un gran productor, importa gran cantidad de él en forma de productos fabricados fuera de su territorio. Por desgracia este gráfico no contempla la ingente cantidad que producen India, Pakistán, Tailandia, Indonesia, Filipinas, Brasil, y una larga lista de países productores de bienes, que nosotros, felices habitantes del primer mundo, consumimos alegremente mientras nos preocupamos de las emisiones de nuestros coches y de nuestras calefacciones.

Según Climate Analysis Indicators Tool (CAIT 2.0) diez países producen cerca del 70% del los gases efecto invernadero, tratando a la UE como país, ya que los países que la conforman han cedido su soberanía al respecto. Si queremos limitar a 2 grados Celsius la subida de la temperatura global para este siglo, esos países deberían reducir drásticamente e inmediatamente la emisión de esos gases, cosa muy improbable ya que tienden a aumentar.

(LUCF hace referencia a les emisiones derivadas del cambio de uso de la tierra y de la silvicultura.)

Sin embargo, no podemos olvidar que el problema del calentamiento es global, principalmente de los Estados, pero también de las personas. Y si lo estudiamos desde esta perspectiva, la situación cambia radicalmente. ¿Qué legitimidad tiene un canadiense, que seguramente es una de las personas aparentemente más concienciadas del mundo con respecto al medio ambiente, en exigir a la población de la China o de la India, más ahorro energético o que emita menos gases invernadero?
En el siguiente gráfico podemos ver las emisiones de gases efecto invernadero por habitante y Estado. En él podemos ver la gran diferencia entre Canadá y los EEUU, con respecto a la UE y Japón, sociedades todas ellas de parecido poder adquisitivo.

De buenas a primeras nos podría sorprender la media tan parecida de países como Japón, un país completamente industrializado y muy consumista, y con un elevado poder adquisitivo de todos sus habitantes, con el resto de países que le van detrás. En Europa, sin ir más lejos, las diferencias en calidad de vida, poder adquisitivo e industrialización, son brutales. La mayor parte de la población china todavía es rural y en muchos casos ni siquiera dispone de electricidad. En México las diferencias sociales son tan abrumadoras que no permite ninguna comparación con el resto de países.

Uno de los parámetros que muestran la eficiencia industrial o incluso la relación entre producción y consumo, es la comparativa entre PIB y emisiones, aunque actualmente muchos estudiosos de la economía estemos abandonando el PIB como medida fiable, todavía más en un caso como este tal como podremos observar en las siguientes líneas.
Este modelo de medición debería servir para mostrar el grado de eficiencia de las distintas sociedades productivas, o dicho de otra manera la descarbonización de su economía, principalmente la que genera energía.
La media mundial de CO2 en relación al PIB es de 372 toneladas de gases de efecto invernadero por cada millón de dólares de PIB. Siete países están por debajo de ella, mientras tres la superan. La explicación puede estar en su manera de generar energía, en el transporte, la calefacción de sus espacios cerrados, o en el caso de China porque consume mucho menos de lo que produce, de modo que en su caso esta parte de PIB no existe.
Con respecto a Brasil e Indonesia podrían tener su explicación en la desforestación, al convertir selva en tierra de cultivo, aumentando significativamente el valor de la tierra y, por tanto, el PIB.

Cambio Climático y CO2 (primera parte)

Hace 59 años el científico de la universidad de California San Diego, Charles David Keeling empezó a medir de manera regular la concentración de CO2 en la atmósfera. Desde entonces se ha seguido haciendo ininterrumpidamente, creando con ello una curva, llamada en su honor Curva de Keeling, que todos los científicos utilizan.
Como pueden observar en el gráfico, en 1958 se llegó al pico de 318 ppm, que ya se preveía muy elevada, mientras que en el mes de mayo de este año 2017 hemos llagado a las 410 ppm. La barrera de las 400 se sobrepasó en mayo del 2013, una cantidad que para muchos podía convertir el cambio climático en irreversible. Ante todo es bueno saber que estas mediciones se realizan en el observatorio de Mauna Loa, de Hawai, con un entorno de aire limpio.

Por qué mostramos este gráfico?
Simplemente para explicar que el cambio climático, al menos en lo que respecta al aumento del CO2 en la atmósfera, prácticamente es irreversible.

Hace unos años se empezó a perforar el hielo en Groenlandia, conservándolo en largos cilindros para su posterior estudio. Hasta el pasado año se consiguió estudiar el clima y sobre todo el CO2 en la atmósfera de los últimos 800.000 años. En el siguiente gráfico podremos apreciar el nivel de CO2 de los últimos 300 años, es decir desde 1.700. Veremos como el aumento de CO2 va en relación al período industrial de nuestra sociedad, empezando con un aumento muy suave, imperceptible si lo comparamos con el actual, a principios de 1.800, que se va afianzando hasta mediados del siglo XIX, cuando a partir de entonces empieza una suave y permanente subida hasta mediados del siglo pasado, que ya sube de manera vertiginosa e imparable

Todos los gráficos de este artículo han sido extraídos del Instituto de Oceanografía de la Universidad San Diego https://scripps.ucsd.edu/programs/keelingcurve/

Este año en curso la universidad de Princeton ha conseguido perforar hasta tres kilómetros de hielo, y podremos estudiar el CO2 y el clima hasta dos millones setecientos mil años.
El siguiente gráfico muestra lo descubierto hasta ahora, es decir los últimos 800.000 años, en valores de un milenio. En él podremos observar cómo el CO2 de la atmósfera oscila entre los 180 o 190 ppm en los períodos glaciales de nuestro planeta, a los 260 o 270 de los períodos cálidos. En él también podemos apreciar en la última depresión del gráfico, la última glaciación de hace 20.000 años. Este gráfico muestra sin lugar a dudas que estamos viviendo en un período templado, pero con unos índices de CO2 en la atmósfera nunca vividos en nuestro planeta, al menos en los últimos 800.000 años, que a todas luces nos están llevando al colapso.

Y este otro de los últimos 450.000 años muestra la correlación entre temperatura y la concentración de CO2 en la atmósfera.