Preservación del Medioambiente Urbano

Imagen de Nara Figueiredo

Tradicionalmente el movimiento ecologista ha concentrado sus esfuerzos en la preservación de los espacios naturales, entendiéndolos como espacios en los que el impacto del hombre ha sido mínimo. De todos modos, la progresiva concentración de la población en espacios urbanos, y el impacto de las ciudades y su diseño, tanto en la salud de sus habitantes (de todas las especies) como en los ecosistemas que las rodean, ha obligado en los últimos años a concentrar más esfuerzos de preservación en los espacios urbanos. De hecho, la dicotomía “espacio urbano – naturaleza” va poco a poco cayendo en desuso, aceptando la necesidad de permeabilizar las ciudades a fin de que los espacios naturales se integren en el urbanismo. Ello no obstante, campañas como la promovida por SEO Birdlife bajo el nombre “Aves de Barrio”, en la que llama la atención sobre la progresiva desaparición de especies otrora tan comunas en nuestras ciudades, como el gorrión o el vencejo, hacen evidente que dicho proceso no avanza al ritmo requerido.

Urge la redeficinición de las ciudades cómodamente atrincheradas tras su parapeto de “sostenibilidad”, definida simplemente como eslogan electoral y coartada para su “inevitable” progresivo crecimiento. Para ello es necesario tanto una mayor concienciación ciudadana como la implementación de normativas municipales que tengan la preservación del medio ambiente como uno de los ejes principales de las mismas. No es necesario inventar nada. La literatura sobre como hacerlo existe desde hace tiempo y se compendia en los manuales de aplicación del “Local action for Diversity” aprobados tras el Convenio sobre Diversidad Biológica que se presentó en la Cumbre de la Tierra de Rio 1992 y que se ha compendiado en BiodiverCITIES: A handbook for municipal Biodiversity Management for Local Governments

A efectos prácticos, algunas de las propuestas políticas municipales a desarrollar son:

  1. Incorporación del “capital natural” en las cuentas municipales, junto con políticas orientadas a reducir la huella ecológica e incentivar la conservación de la biodiversidad y la economía verde.

  2. Planificación de la expansión urbanística entendiendo el suelo como recurso básico a conservar y recuperar; al tiempo que empujar normativas exigiendo la utilización de soluciones basadas en la naturaleza en el proceso de urbanización (tejados verdes, jardines verticales, pavimientos verdes, drenaje sostenible…)

  3. Políticas de conservación de la fauna autóctona mediante la programación de obras de mantenimiento y construcción en periodos adecuados para no interferir en los ciclos biológicos, así como el desarrollo de normativas de rehabilitación y construcción de edificios respetuosas con la biodiversidad.

  4. Priorización de superficies verdes diversificadas, con variedades autóctonas y un manejo limitado y adaptado a las condiciones climatológicas de cada localidad, con el objetivo de mantener zonas, no solo verdes, si no también llenas de vida.

  5. Identificación de especies y espacios de mayor interés de conservación, por parte de técnicos locales a los que dar prioridad y elaboración de políticas activas que permitan su recuperación.

  6. Impulsar la educación y participación ciudadana en el desarrollo de toda política medioambiental, a fin de tejer una red de intereses y de complicidades a nivel local que facilite el éxito de las distintas políticas implementadas.

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